Ciudad De México, 06 de julio de 2026.- La Cuarta Transformación colocó la dimensión ética en el centro del ejercicio del poder, rompiendo con la lógica del viejo régimen que acostumbró a la sociedad a separar la eficacia política de la conducta moral de quienes gobernaban. Bajo esta premisa, se ha reivindicado que el poder sólo adquiere legitimidad cuando se ejerce con autoridad moral.
El legado ético de este movimiento ha sido asumido por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha insistido en que el segundo piso de la Cuarta Transformación debe edificarse sobre una nueva cultura del servicio público. Esta nueva etapa se sustenta en los principios de honestidad, igualdad, respeto a los derechos humanos y responsabilidad personal.
En este contexto, existen denuncias por presunta violencia familiar presentadas contra el exdirector de Petróleos Mexicanos. Al respecto, se estableció que corresponderá exclusivamente a las autoridades ministeriales y jurisdiccionales determinar los hechos y establecer las responsabilidades legales que procedan.
La mandataria federal fue enfática al señalar que “no habrá protección política para ningún funcionario investigado por hechos de violencia contra las mujeres y que las instituciones deben actuar con absoluta autonomía”. Esta postura se alinea con el origen de la izquierda mexicana, que nació para combatir todas las formas de dominación, de cacicazgos y desigualdad.
